Revolución con chipos, zancudos y sabandijas

Si en algo ha demostrado ineptitud el Gobierno de la revolución castrochavista es en materia de salud. A pesar de ser ésta una de las áreas a las cuales apuntó desde su inicio, el ejemplo cubano que ha seguido desembocó en un contundente fracaso en las diferentes áreas del sistema de salud.


Ha fracasado la revolución en materia de infraestructura y atención médica primaria y hospitalaria. La misión bandera de la “Revolución¨, Barrio Adentro, no ha podido dar respuesta masiva ni sostenible a los problemas de atención médica del ciudadano en ninguna de sus etapas. Desde la voz del propio presidente Chávez se escuchó hace unos meses en cadena nacional unos mea culpa por el deterioro de los módulos, la falta de equipamiento y de personal médico. Lamentablemente, estos reconocimientos de su fracaso quedaron para la historia, sin que se observe mejora alguna en el sector, por el contrario, la situación va de mal en peor.

En aras de ese proyecto se descuidó la red hospitalaria y ambulatoria que, aún con serias limitaciones, venía prestando servicio a la población de escasos recursos que no tenían acceso a la red privada de salud. Hoy tanto la red tradicional de salud, como el nuevo tinglado que creó el Gobierno han colapsado.

La revolución también suma fracaso en materia de capacitación de profesionales de la medicina. Por un lado, reniega de los profesionales egresados de las escuelas de medicina de las universidades tradicionales, que son reconocidos internacionalmente por su excelente capacitación y profesionalismo. Por otro, crea una carrera alternativa para formar profesionales de la salud de atención primaria, sobre la que poco se sabe de su pensum de estudios, de sus profesores, salvo el adoctrinamiento exhibido en el acto que se realizó en el Teatro Teresa Carreño, para incorporar a 8.581 pasantes a la red hospitalaria nacional.

Otro estrepitoso fracaso revolucionario se viene evidenciando desde hace varios años con la reaparición de enfermedades infectocontagiosas, características de sociedades pobres y marginadas, que habían sido controladas con programas de vacunación preventiva, entre ellas, el sarampión y la tuberculosis. Ahora, con el recrudecimiento de enfermedades transmitidas por picadas de insectos, se demuestra el fracaso en materia de políticas de control epidemiológico y de salubridad pública. Es alarmante el incremento de los casos de dengue, que de enero a abril de 2010 llegaban a 48.851 casos en todo el país, sumándose a los 65.000 reportes de 2009. Ahora las recientes incidencias de Mal de Chagas, Malaria, Leishmaniasis, la Fiebre Mayaro y la Encefalitis Equina.

Todas éstas son enfermedades perfectamente controlables con políticas de fumigación periódicas, que hoy parecen ser inexistentes en el sistema de salud socialista.

Otros evidentes fracasos en su política de salubridad se observan en el deficiente suministro de agua potable, en el colapso de drenajes y alcantarillados, y en el peor de todos en la casi ausencia de recolección de la basura. Y el Gobierno en lugar de aceptar que existe un problema se dedica a ocultarlo, negando información y falseando estadísticas. A la fecha no hay siquiera un plan de ataque coherente para evitar un deterioro mayor.

TOMADO DE: http://www.veneconomia.com

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